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miércoles, 18 de julio de 2012

LIBRO: "CON ALAS EN LOS PIES" de María Pino Brumberg


(Prólogo de Alberto Vázquez-Figueroa)

Este es uno de los libros que más me han fascinado e impresionado de cuantos he leído en los últimos tiempos. Es un relato valiente y sobrecogedor, sobre todo por el hecho de que sale de la pluma de una hermosa muchacha que, poco a poco, advierte cómo se van truncando sus maravillosos sueños juveniles pero continúa luchando con estremecedor coraje intentando mantener intacta toda su fe y todas sus esperanzas. Al concluirlo no he podido por menos que preguntarme si en su caso hubiera sido capaz de conservar semejante fuerza de espíritu, y debo reconocer que no; que por mucho que presuma de haber sobrevivido a guerras, tragedias y catástrofes, una guerra, una tragedia y una catástrofe personal e interior de tal magnitud me hubiera aniquilado a las primeras de cambio.
Yo ya estaría vencido pero María Pino continúa adelante, sonríe, incluso en ocasiones bromea sobre si misma sentándose a escribir un nuevo capítulo que te va convirtiendo poco a poco en un enano sin aliento frente a la arrolladora personalidad de una criatura que se atreve a mirar a los ojos a un monstruo cuya sola mención nos obliga a ocultarnos en la más profunda de las cuevas.
Y quizás lo que más me ha gustado de este libro, es el hecho de que a través de sus páginas he conseguido comprender como lector lo que nunca conseguí comprender como padre: qué es lo que siente una bella adolescente que descubre que ante ella se abre un mundo al que muy pronto tendrá que entrar a formar parte como mujer, como esposa y como madre.
Entre estas páginas conviven una niña soñadora, una muchacha asustada y una adulta golpeada pero nunca vencida, y la lectura de ese viaje, corto en el tiempo, largo en su amargo recorrido, es como la contemplación de un documental rodado en cámara ultra rápida en el que se observa cómo de la tierra surge un tallo que en cuestión de minutos se transforma en planta, nacen las flores y crecen los frutos.
La enfermedad ha obligado a madurar demasiado aprisa a María Pino, pero lo que más me maravilla es que, aunque esté escribiendo desde esa absoluta madurez, cuando escribe de su niñez, lo hace como niña, y cuando escribe de su adolescencia lo hace como adolescente.
Ningún autor consagrado lo conseguiría nunca, porque ninguno ha madurado tanto, tan increíblemente bien y tan aprisa.

Alberto Vázquez-Figueroa

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